Mis inicios

Me gusta la música desde siempre. Cuando era pequeña, cogía el mando de la tele como si fuera un micrófono, me ponía mis canciones favoritas y mi habitación se convertía en el mejor escenario del mundo. Recuerdo que en mi casa había un teclado en el que se iluminaban las teclas para aprender a tocarlo, y así empecé. A los 12 años me regalaron mi primera guitarra, y aprendí a tocarla con vídeos de YouTube. A los 13, que ya me podía acompañar cantando, empecé a escribir mis primeras canciones, pero si me llegan a decir que de mayor eso se iba a convertir en mi profesión, no me lo hubiera creído. 

“Las ganas siempre acaban venciendo al miedo.”

Es muy fácil que en plena adolescencia te gane la vergüenza, el miedo al qué dirán, el miedo al fracaso. A mi me daba muchísima vergüenza cantar delante de la gente. No me gustaba mi voz, estaba acostumbrada a ver mil vídeos de gente que cantaba como los ángeles. Pero un día, mis amigos me hicieron una encerrona para cantar en una jam session, y al terminar, me di cuenta de que seguía viva, no había sido tan horrible. Así que empecé a frecuentar esa Jam y cada vez lo disfrutaba más. Al poco tiempo, y en ese mismo bar, fue donde conocí a la persona que me cambió la vida. 

Convertir tu pasión en tu profesión.

Conocí a un chico que, además de convertirse en mi pareja durante unos años, me metió en el mundo de la música profesional. Él es guitarrista, y juntos formamos un dúo de versiones con el que tocábamos en hoteles y restaurantes de la zona de Altea y Benidorm. Fueron años en los que aprendí muchísimo, ya no sólo encima de un escenario, también detrás. Aprendí a gestionar facturas, a negociar, a vender un producto, a montar un equipo de sonido, a recoger cables, a saber cómo funciona una mesa de mezclas, y un largo etcétera. Me encantaba. Pero al tiempo, y casi sin darme cuenta, empecé a tener muchas ganas de hacer mis canciones una realidad. 

“La música sin emoción no es música.” 

Tenía muchas canciones guardadas en el cajón. A lo largo de los años, cuando me pasaban o me contaban cosas que me hacían sentir algo más de la cuenta, lo transformaba en canción. De repente la vida me puso en frente a Daniel Sáiz, ingeniero de sonido y productor, y ahí empezó un camino precioso de dar forma y vida a las canciones. Nació “Mía”, mi primer disco, con músicos y personas increíbles. Desde entonces sigo escribiendo, grabando, aprendiendo y sobretodo sintiendo. Creo que la música necesita emoción y verdad; si no sale de un corazón, es difícil que entre en otro. Y sobretodo, creo que hay que disfrutar del camino. Aprender de cada error, celebrarlo, saborear cada paso, porque ¿de qué sirve el cielo si no disfrutas del vuelo?